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diumenge, 13 de desembre del 2020

Emmudir

 

Infermers atenent un malat del virus d'Ebola a Sierra Leone, 23 de novembre del 2014

Los días siguientes fueron calurosos e interminables. El río se volvió turbio y se fue haciendo cada vez más estrecho, y en vez de la maraña de árboles colosales que había asombrado a Florentino Ariza en su primer viaje, había llanuras calcinadas, desechos de selvas enteras devoradas por las calderas de los buques, escombros de pueblos abandonados de Dios, cuyas calles continuaban inundadas aun en las épocas más crueles de la sequía. Por la noche no los despertaban los cantos de sirenas de los manatíes en los playones, sino la tufarada nauseabunda de los muertos que pasaban flotando hacía el mar. Pues ya no había guerras ni pestes pero los cuerpos hinchados seguían pasando. El capitán fue sobrio por una vez: "Tenemos órdenes de decir a los pasajeros que son ahogados accidentales". En lugar de la algarabía de los loros y el escándolo de los micos invisibles que en otro tiempo aumentaban el bochorno del medio día, sólo quedaba el vasto silencio de la tierra arrasada.

El amor en los tiempos del cólera (pàg. 428)
Gabriel García Márquez
Mondadori
Fotògraf: Peter Muller

Desfullar

Fotògraf: Saul Leiter

El món està molt corcat, però el món no s'acaba aquí.

Entrevista diari Ara (vídeo), diumenge 13 de desembre del 2020
Lídia Heredia, entrevistada per l'Antoni Bassas

dijous, 10 de desembre del 2020

Polsims

Fotògraf: Saul Leiter


Terra

Trepitgem amb fermesa
la terra que ens nodreix
i compartim, fang que
som d'una mà inexistent,
horitzó llunyà d'un déu
irat i venjatiu.

Colgats pels llots,
esdevindrem de nou
la pols d'on provenim.

D'enyor, amor i altres paisatges (pàg. 71)
Àlvar Masllorens i Escubós
La Temerària

dimarts, 8 de desembre del 2020

El costat bo

 

 La nit que començaven les noves restriccions per la segona onada de la COVID-19 a Barcelona, jo havia de fer una ruta llarga en cotxe. Era la nit del 17 al 18 de juliol de 2020. Conduïa per l'autopista i plorava. De cansament. D'impotència. D'arbitrarietat. D'un inmens sentiment de pèrdua. Aleatòriament va començar a sonar una cançó que no recordava: "Nunca el tiempo es perdido", del Manolo García. La vaig escoltar unes quantes vegades seguides i de sobte vaig sentir que la tonada era l'expressió més dolça i desafiant que podíem dir-nos els uns als altres. 
 Perdre el curs, perdre el temps, perdre oportunitats, perdre experiències, perdre seguretats: són les amenaces amb què la nostra societat ens fa sentir sempre a punt de caure.

Escola d'aprenents (pàg. 11)
Marina Garcés
Galàxia Gutenberg

Anar-li la processó per dins

 
Fotògraf: Saul Leiter

La vida mundana, que tantas incertidumbres le causaba antes de conocerla, no era más que un sistema de pactos atávicos, de ceremonias banales, de palabras previstas, con el cual se entretenían en sociedad unos a otros para no asesinarse. El signo dominante de ese paraíso de la frivolidad provinciana era el miedo a lo desconocido. Ella lo había definido de un modo simple: "El problema de la vida pública es aprender a dominar el terror, el problema de la vida conyugal es aprender a dominar el tedio".

El amor en los tiempos del cólera (pàg. 271)
Gabriel García Márquez
Mondadori

diumenge, 6 de desembre del 2020

La pròpia llum

 
Trastevere, Roma, desembre del 2019. Foto: Toni Latrilla

La Rita Pijoan ens diu en el llibre que cal clavar les urpes en la carn de la vida.
 
Sam Abrams, crític literari
LLibre: Diaris haitians 
Autora: Rita Pijoan
Trípode

dissabte, 5 de desembre del 2020

Decaure

 

L'Havana, desembre del 2017. Foto: Toni Latrilla

Por pura experiencia, aunque sin fundamento científico, el doctor Juvenal Urbino sabía que la mayoría de las enfermedades mortales tenían un olor propio, pero ninguno era tan específico como el de la vejez. Lo percibía en los cadáveres abiertos en canal en la mesa de disección, lo reconocía hasta en los pacientes que mejor disimulaban la edad, y en el sudor de la propia ropa y en la respiración inerme de su esposa dormida. De no ser lo que era en esencia, un cristiano a la antigua, tal vez hubiera estado de acuerdo con Jeremiah de Saint-Amour en que la vejez era un estado indecente que debía impedirse a tiempo. El único consuelo, aun para alguien como él que había sido un buen hombre de cama, era la extinción lenta y piadosa del apetito venéreo: la paz sexual. A los ochenta y un años tenía bastante lucidez para darse cuenta de que estaba prendido a este mundo por unas hilachas tenues que podían romperse sin dolor con un simple  cambio de posición durante el sueño, y si hacía lo posible para mantenerlas era por el terror de no encontrar a Dios en la oscuridad de la muerte.

El amor en los tiempos del cólera (pàg. 61 i 62)
Gabriel García Márquez
Mondadori